domingo, 23 de mayo de 2010

Una historia dominada por otros


Atravesada por el río Vltava de Sur a Norte, Praga estuvo habitada por la tribu celta de los Boios (que dio nombre la la región de Bohemia) y posteriormente por tribus germánicas y eslavas. Como ciudad checa (se desconoce el origen de esta tribu, aunque se sospecha que eran la clase alta de la sociedad eslava) fue fundada en el siglo IX, por orden de la profetisa Libuse a su marido, el campesino Premysl, cuya estirpe sería la primera dinastía de Bohemia.
Sin embargo fue con la extinción de esta dinastía, y la llegada de la casa de Luxemburgo con la que la ciudad obtendría su mayor poder. El emperador Carlos IV fundó la universidad, construyó la catedral, reconstruyó el castillo y las murallas y creó la Nové Mesto (ciudad nueva) y el puente que lleva su nombre, sin embargo la gran cantidad de obras debían ser financiadas con impuestos, que casi siempre recaían en los que menos tenían, con lo cual se creo un gran descontento a la muerte del Emperador, que desembocaría en las guerras Husitas, propiciadas por las revolucionarias ideas del filósofo Jan Hus, similares a las de Martin Lutero que le llevaron a arder en la hoguera.
Esta revolución dio lugar a las primeras defenestraciones, una peculiar tradición que se convirtió en algo habitual en Praga a la hora de ejecutar al enemigo.

Los Habsburgo
Tras una época de tolerancia religiosa a lo largo del siglo XV, la llegada del archiduque Fernando I de Austria (hermano de nuestro Carlos V y nacido en Alcalá de Henares) fue la derrota definitiva de los movimientos pro-checos y se impuso el poder de Roma en toda Bohemia. Con la excepción de Rodolfo II, un rey tan ilustrado como maniaco que propuso una libertad religiosa que hizo aflorar la ciudad de Judíos, alquimistas y astrónomos, las instituciones checas se iban diluyendo. La nobleza, de religión protestante, recuperaría su libertad religiosa sólo un siglo más tarde, aunque tras la Guerra de los Treinta Años la dinastía austriaca volvió a imponer su autoridad (y su religión), tras una dura represión, hasta la primera Guerra Mundial.
Fueron tres siglos de dominación extranjera, en los que el idioma checo fue reducido al ámbito del hogar, y la ciudad, saqueada por los suecos tras la Guerra de los Treinta Años, fue víctima de la enemistad de los prusianos con los austriacos.
Con la llegada de la Archiduquesa Maria Teresa al trono de Viena, y sobre todo con su hijo Josef II, se hizo un paréntesis en los años oscuros de la historia checa. Josef II era un monarca ilustrado de finales del siglo XVIII, que abolió la pena de muerte, promulgó de nuevo la tolerancia religiosa y la separación de la Iglesia del poder. Se legalizó el checo en la universidad, en los libros, la prensa y en los espectáculos, entre otras cosas.

Independientes, al fin
La república Checa, unida a Eslovaquia para la causa, obtuvo su independencia en 1918, tras la Primera Guerra Mundial, merced a la oposición del pueblo checo a las potencias centrales (que perderían la guerra y entre la que se encontraba Austria).
Sin embargo el nuevo estado checoslovaco era un polvorín. Por una parte los eslovacos reclamaban más autonomía, y por otra los alemanes de la región de los Sudetes querían incorporarse a Alemania. Esto se conseguiría gracias a la colaboración de la población germana a Hitler, que invadiría, primero los sudetes y luego toda Checoslovaquia.
Durante la Segunda Guerra Mundial no sufrieron muchas bajas, sin embargo la élite intelectual quedó exterminada. Los checos liberaron la ciudad, y con la llegada de los Rusos se expulsó a los alemanes definitivamente del país. Pero los que en principio eran los hermanos eslavos que venían a liberarlos de los germanos, pronto se convirtieron en una visita pesada.

La dominación Soviética
Si bien el pueblo checo era de orientación izquierdista (los comunistas obtuvieron un 40% en las últimas elecciones libres), pronto el desencanto se apoderó de checos y eslovacos. La economía se derrumbaba con los desacertados planes quinquenales de los gobiernos comunistas impuestos desde Moscú. La revolución parecía inevitable.
Y sucedió, llegó la denominada Primavera de Praga. Pero, como hiciese doce años antes en Hungría, la URSS intervino en Praga y puso fin a los sueños del pueblo checoslovaco.
Como en el resto de los países del telón de acero, los gobiernos comunistas cayeron tras la caída del muro de Berlín. En el caso de Checoslovaquia en 1990 e impulsado por la Revolución de Terciopelo, que fue el nombre que se le puso a la transición democrática de este país.
Con un gobierno democrático, parecía inminente la disolución del compendio Chequia-Eslovaquia. El 1 de Diciembre de 1993 ambos países caminaban por una senda diferente, aunque amistosa.
Y tras un pasado tan sobresaltado, con invasiones austriacas, alemanas y rusas, la República Checa vivió un gran crecimiento económico en la década de los 90 merced a las privatizaciones, que le permitió ser incluido en organismos occidentales como la OCDE, la UE y la OTAN. Quizás la última asignatura pendiente sea entrar en la zona Euro, cosa que sus vecinos Eslovacos ya han conseguido.